1.2. Conciencia
Así pues, después de haber desarraigado algunos de los grandes errores sobre la conciencia, ¿qué nos ha quedado? Si la conciencia no es ninguna de todas estas cosas, si no es tan amplia como pensamos, ni una copia de la experiencia, ni la sede del aprendizaje, del juicio, e inclusive del pensamiento, ¿qué es? Y mientras miramos fijamente la polvareda y los escombros del último capítulo, esperando (como Pigmalión) ver a la conciencia erguirse nuevamente, pura y prístina de esos desechos, caminemos alrededor de nuestra cuestión mientras se asienta el polvo, y hablemos de otros asuntos.
Metáfora y lenguaje
Hablemos de la metáfora. La propiedad más fascinante del lenguaje es su capacidad de hacer metáforas. Pero esto no lo dice todo. La metáfora no es sólo un ardid o figura del lenguaje que en la mayoría de los antiguos libros sobre composición no recibe gran atención; es, nada menos, que el cimiento constitutivo del lenguaje. Aquí estoy usando la metáfora en su sentido más general, que es emplear un término propio de una cosa para describir otra debido a cierta similitud entre ellas o entre sus relaciones con otras cosas. Así pues, en una metáfora hay siempre dos términos, la cosa que se describe, a la que llamaré el metafrando, y la cosa o relación empleada para elucidarla, a la cual llamaré el metafor. La metáfora es siempre un metafor conocido que opera sobre un metafrando menos conocido.1 He acuñado estos términos híbridos simplemente como eco de la multiplicación, en que un multiplicador opera sobre un multiplicando. …