2.4. Un cambio de la mente en Mesopotamia
HACIA 1230 a.C., Tukulti-Ninurta I, tirano de Asiria, mandó hacer un altar de piedra que es radicalmente distinto de todo lo precedente en la historia del mundo. En el grabado de su cara, Tukulti aparece dos veces, la primera cuando se acerca al trono del dios y la segunda cuando se arrodilla ante él. Esta doble imagen destaca por sí sola la postura miserable, casi abyecta, desconocida hasta entonces en un rey. Conforme nuestros ojos bajan del rey de pie al rey arrodillado, que está enfrente, percibimos la fuerza del cuadro, similar a la del cine, que en sí es un notable descubrimiento artístico. Pero más notable aún es el hecho de que está vacío el trono ante el cual se arrodilla éste, el primero de los crueles conquistadores asirios.
En la historia, ningún rey apareció antes de rodillas. Ninguna escena de la historia indicó jamás un dios ausente. Se había descompuesto, se había venido abajo la mente bicameral.
Como vimos en II. 2, a Hammurabi se le esculpió de pie y oyendo atentamente a un dios muy presente. E incontables sellos cilíndricos de este periodo muestran a otros personajes escuchando y mirando a los ojos o siendo presentados a las figuras reales, de dioses con figura humana. El altar de Assur de Tukulti está en abierto contraste con todas las anteriores representaciones de las relaciones entre dioses y hombres. No se trata de una simple idiosincrasia artística, pues otras escenas del altar de Tukulti también carecen de dioses. Y los sellos cilíndricos del periodo de Tukulti también muestran al rey aproximándose a otras divinidades no presentes que a veces se representan por medio de un símbolo. Tales comparaciones hacen pensar que la época de la desaparición de la mente bicameral en Mesopotamia ocurrió entre los reinados de Hammurabi y de Tukulti.
Esta hipótesis viene a ser confirmada por los restos cuneiformes de Tukulti y su periodo. Lo que se conoce con el nombre de Epopeya de Tukulti-Ninurta1 es el siguiente documento cuneiforme de nota posterior a Hammurabi, claramente fechado y bien conservado. En la época de este último no se duda de la presencia eterna e invariable de los dioses entre los hombres, dirigiéndolos en sus actividades. Pero al comienzo de la epopeya más o menos propagandística de Tukulti, se ve a los dioses de las ciudades de Babilonia disgustados contra el rey de Babilonia porque no les presta atención. Por eso abandonan sus ciudades y dejan a los habitantes sin guía divina, por cuyo motivo se asegura la victoria de los ejércitos asirios de Tukulti. Este concepto de los dioses abandonando a sus esclavos humanos es del todo imposible en cualquier circunstancia en la Babilonia de Hammurabi. Es algo nuevo en el mundo. …