3.5. La esquizofrenia
Casi todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas nos deslizamos espontáneamente hacia algo que se aproxima a la mente bicameral real. Para algunos se trata solamente de unos cuantos episodios de privación de pensamiento o de oír voces. Mas para otros, que tienen sistemas superactivos de dopamina o que tienen poca cantidad de la enzima que descompone con facilidad los productos bioquímicos del estrés prolongado y los vuelve sustancias excretables, es una experiencia mucho más deprimente, si es que cabe llamarla experiencia. Oímos voces cuya importancia es impelente, que nos critican y nos dicen qué debemos hacer. Al mismo tiempo, parece que perdemos los linderos de nosotros mismos. El tiempo se desmorona. Actuamos sin saber lo que hacemos. Nuestro espacio mental empieza a disiparse. Sentimos pánico, pero es un pánico que no nos sucede a nosotros. No hay nosotros. No es que no tengamos adónde dirigirnos; es que no tenemos “dónde”. Y en ese “no dónde”, somos como autómatas, que no saben qué hacer, que somos manipulados por otros o por nuestras voces, de modos extraños y pavorosos en un lugar que acabamos por reconocer como hospital y con un diagnóstico que se nos dice es de esquizofrenia. En realidad, hemos vuelto a la mente bicameral.
Tal es un modo simplificadísimo, exagerado y fantasioso de presentar una hipótesis que ha sido obvia en porciones anteriores de este ensayo, pues ha sido evidente que las opiniones presentadas aquí sugieren un nuevo concepto de esa enfermedad mental tan común y resistente, la esquizofrenia. Esta hipótesis es que, al igual que los fenómenos estudiados en los capítulos precedentes, la esquizofrenia, al menos en parte, es un vestigio de bicameralidad, una vuelta parcial a la mente bicameral. El presente capítulo es un análisis de esa posibilidad.
Los testimonios históricos
Empecemos echando un vistazo, muy superficial, a la historia más antigua de esta enfermedad. Si nuestra hipótesis es correcta, primero que nada no encontraremos ninguna prueba de individuos segregados por estar locos antes de la desaparición de la mente bicameral. Y esto es verdad, nunca hubo tal segregación, aunque el apoyo a nuestra tesis es muy débil porque los testimonios son muy indirectos. Pero ni en las es culturas, ni en la literatura, murales u otras producciones de las grandes civilizaciones bicamerales, no hay ninguna ilustración o mención de un tipo de conducta que señalara a un individuo como diferente de los demás del modo en que lo haría la locura. Imbecilidad sí, pero no locura.1 Por ejemplo, en la Ilíada no hay el menor vestigio de locura.2 Estoy recalcando que son individuos puestos aparte de otros, por estar enfermos, porque, conforme a nuestra teoría, podemos decir que antes del segundo milenio a.C., todo el mundo era esquizofrénico. …