2.6. La conciencia moral de los “Jabirus”
EL TERCER gran ámbito donde podemos buscar y observar el desarrollo de la conciencia es, ciertamente, el más interesante y profundo. A fines del segundo milenio a.C. y por todo el Medio Oriente hubo grandes masas amorfas de pueblos seminómadas que no tenían dira o tierra de pastoreo fija. Unos de ellos fueron simplemente los refugiados de la destrucción ocasionada en Thera y de la terrible invasión dórica que siguió. Una tablilla cuneiforme habla concretamente de migraciones que llegaron cruzando el Líbano. Es probable que otros fueran refugiados de las invasiones asirias a los cuales se unieron los refugiados hititas que salieron huyendo cuando su Imperio cedió ante una invasión proveniente del norte. Y otros más debieron de ser los individuos bicamerales provenientes de las ciudades, que no pudieron acallar con facilidad a sus dioses, y que, cuando no fueron asesinados, fueron enviados progresivamente a terrenos deshabitados.
Una mezcla de hombres se reunió precariamente, por un tiempo, y luego sus componentes se separaron; algunos perecieron y otros se organizaron en tribus inestables; otros incursionaron en terrenos semi colonizados, o pelearon por pozos y a veces fueron atrapados como animales y quedaron sometidos a la voluntad de sus captores o, en la desesperación del hambre, entregaron el dominio de sus vidas a cambio de pan y semillas, como se describe en algunas tablillas del siglo XV a.C., desenterradas en Nuzi, así como en el Génesis (47:18-26). Probablemente otros más trataron de obedecer voces bicamerales inadecuadas, o se aferraron a los bordes de tierras ya colonizadas, pues tenían miedo de alejarse de ellas y convertirse en criadores de ovejas y camellos, en tanto que otros más, habiendo intentado vanamente mezclarse con pueblos más establecidos, se lanzaron al desierto, donde sólo sobreviven los despiadados, los más duros, quizá persiguiendo precariamente alguna visión alucinada, algunos restos de un dios, alguna ciudad nueva o tierra prometida.
Para las ciudades-Estados ya establecidas, estos refugiados eran los parias desesperados de los yermos desiertos. Los habitantes de estas ciudades los juzgaban — a todos ellos — como ladrones y vagabundos. Por eso con frecuencia se vieron orillados a robar, ya fuera solitariamente y de noche las uvas que los viñadores desdeñaban, o bien, unidos en tribus, irrumpían en la periferia de las ciudades en busca de animales y productos, tal como hoy día lo hacen beduinos nómadas. La palabra para designar vagabundos en el idioma acádico, el de Babilonia, es jabiru, que es como se designa a estos refugiados del desierto en las tablillas cuneiformes.1 Y jabiru, suavizado por los aires del desierto, se transforma en hebreo. …