1.6. El origen de la civilización

PERO ¿a causa de qué debe haber algo como la mente bicameral? Y, ¿por qué hay dioses? ¿Cuál puede ser el origen de las cosas divinas? Y si la organización del cerebro en los tiempos bicamerales fue como lo he sugerido en el capítulo precedente, ¿qué presiones selectivas hubo en la selección humana para producir un resultado tan pasmoso?

La tesis especulativa que procuraré desarrollar en este capítulo -y es muy especulativa- no es otra cosa que un simple corolario de lo dicho antes. La mente bicameral es una forma de control social que permitió al género humano avanzar partiendo de pequeños grupos de cazadores-recolectores y llegar a grandes comunidades agrícolas. La mente bicameral, con sus dioses controladores, evolucionó como etapa final de la evolución del lenguaje. Y en este desarrollo se encuentra el origen de la civilización.

Empezaremos determinando lo que quiero significar por control social.

LA EVOLUCIÓN DE LOS GRUPOS

En general, los mamíferos muestran una amplísima variedad de agrupamientos sociales, desde la soledad de ciertos animales depredadores hasta la estrecha cohesión social de otros. Estos últimos animales son los más atacados, de modo que un grupo social es, por sí, una adaptación genética de protección contra los depredadores. En los ungulados, la estructura de los rebaños es relativamente simple; utilizan señales conductuales y anatómicas precisas, logradas genéticamente, que han obtenido por evolución para la protección del grupo. Los primates tienen una vulnerabilidad similar, y por la misma razón han logrado por evolución vivir en estrecha asociación recíproca. En las densas selvas muy protectoras, el grupo social será de unos seis miembros, como en los gibones, en tanto que en terrenos más expuestos, el grupo llega a tener ochenta miembros, como es el caso de los mandriles del Cabo.1 En ecosistemas excepcionales, los grupos son aún mayores.

Así pues, es el grupo el que evoluciona. Cuando los individuos dominantes dan un grito de advertencia o corren, el resto del grupo huye sin detenerse a buscar la causa del peligro. Son, pues, la experiencia de un individuo y su dominación las que constituyen una ventaja para todo el grupo. En general, los individuos no responden ni siquiera a las necesidades fisiológicas básicas excepto dentro de la pauta total de la actividad del grupo. Un mandril sediento, por ejemplo, no abandona el grupo y va a buscar agua; es todo el grupo el que marcha o el que se queda. La sed se aplaca únicamente dentro de la actividad fija del grupo; y lo mismo puede decirse de otras necesidades y situaciones.